Las empresas que apuntan hacia un futuro eficiente ya no pueden permitirse elegir entre conocimientos técnicos o habilidades humanas. Según Eva María Iglesias, directora del Máster en Liderazgo y Dirección Estratégica de Personas de la Nebrija Business & Technology School, el futuro laboral depende de integrar ambas dimensiones; la rigurosidad de las hard skills y la empatía de las soft skills. “La adaptación a normativas cambiantes ha impulsado la formación técnica porque reduce la incertidumbre en contextos inestables. Sin embargo, cuanto más se potencia lo digital, más necesarias son las habilidades blandas para garantizar relaciones laborales sólidas y equipos cohesionados”, explica Iglesias. La experta sostiene que el talento del futuro es híbrido.

Las hard skills dan a los profesionales una base de seguridad en medio de un entorno laboral cambiante y a veces caótico. 

Pero son las soft skills las que marcan la diferencia cuando se trata de liderar y trabajar con personas en un mundo cada vez más automatizado. 

Hoy, la cultura organizacional se mueve en un nuevo paradigma, mientras los trabajadores aprenden a manejar herramientas de inteligencia artificial para hacer su trabajo, también necesitan desarrollar la capacidad de gestionar sus emociones y fortalecer sus relaciones. Esta es la fórmula para construir equipos capaces de sacar el máximo provecho de la tecnología. Iglesias también indica que actualmente conviven cinco generaciones en el entorno laboral, con diferentes necesidades y expectativas, pero que “para adaptarse a esta nueva revolución, van a tener que formarse en habilidades técnicas, pero también en habilidades blandas que jamás pensaron que debían aprender”. 

El nuevo paradigma apunta a nivelar las hard y soft skills para que ellas no terminen manejando a los trabajadores. Incluso en el entorno BANI (frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, por su siglas en inglés), donde las reglas del juego cambian rápido, las organizaciones han logrado comprender que necesitan resiliencia, adaptabilidad y pensamiento creativo para sobrevivir; así las habilidades humanas han generado el contrapeso necesario para equilibrarse, ya que factores como la inteligencia emocional, el trabajo en equipo y la empatía aún son insustituibles, incluso frente a la inteligencia artificial más avanzada, pero la experta advierte que esto es así “por el momento”. 

De hecho, evaluar lo intangible ya es posible, los sistemas de evaluación para medir las soft skills son cada vez más objetivos y permiten identificar líderes capaces de cohesionar equipos y potenciar resultados. 

“En estos momentos existen herramientas de evaluación que ponderan esos aspectos que siempre se han considerado como menores en las empresas, pero ya están destacando quienes los aplican y evalúan para mejorar su impacto en la gestión de personas”, aporta Eva María Iglesias. 

especto a los procesos de selección del personal, las empresas optan actualmente por herramientas como la IA generativa que ayudan con tareas monótonas y complejas, como la criba curricular de cientos de hojas de vida, para una oferta de trabajo publicada. Sin embargo, una vez llegado el momento de las pruebas para seleccionar a los mejores candidatos, sigue siendo infalible evaluar las competencias técnicas con pruebas de todo tipo, y también las competencias más personales y de equipo, con herramientas que permiten predecir si una persona encajará en un departamento u otro, en función de su perfil o competencial global. 

 “No existe huevo sin gallina. Hard y soft skills son inseparables y su integración es la que convierte a los equipos en motores de resultados”, concluye Iglesias e indica que la competitividad empresarial en el nuevo paradigma laboral no radica en priorizar unas competencias sobre otras, sino en lograr el equilibrio que permita construir culturas organizacionales sólidas, innovadoras y resilientes.